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Traducido de la revista Ultimato por el Pr. Guillermo La Banca. En 1937, el teólogo alemán Dietrich Bonhoeffer publicó su famoso libro El costo del discipulado, es una exposición del Sermón del Monte, en este libro se comenta lo que significa seguir a Cristo. El contexto en que fue escrito es la Alemania en el inicio del nazismo. Su preocupación fue combatir lo que él llamó de “gracia barata”, esa gracia que ofrece perdón sin arrepentimiento, comunión sin confesión, discipulado sin cruz. Una gracia que no implica obediencia ni sumisión a Cristo. Su compromiso con Cristo y su cruz lo llevó a la muerte prematura en abril de 1945. El costo del discipulado es un libro que necesita ser leído por los cristianos del siglo 21, con su fe secularizada, su moral relativizada, su ética minimalista y su espiritualidad privada y narcisista. La “gracia barata” nos ha llevado a concebir un cristianismo mediocre y una espiritualidad que no expresa la nobleza del reino de Dios. La fe cristiana no es un producto de una subcultura religiosa. No es apenas un conjunto de dogmas y doctrinas que afirmamos creer. Es, más que nada, un llamado de Cristo para seguirlo. Un llamado para tomar, cada uno su cruz de renuncia al pecado y obediencia sincera a todo cuanto Cristo nos enseñó y ordenó. Muchos que ven este llamado reconocen que el precio para seguir a Cristo es muy alto. Esta fue la preocupación de Bonhoeffer. De hecho es, amar a los enemigos, bendecir los que nos rechacen, orar por todos los que persiguen, sin duda es muy difícil. Perdonar los que nos ofenden, resistir las tentaciones, buscar antes de cualquier otra cosa el reino de Dios y su justicia y hacer la voluntad de Dios aquí en la tierra como allá en los cielos, no es fácil. Resistir los impulsos consumistas en una cultura hedonista, preservar una conducta moral y ética elevada en medio de tanta corrupción y promiscuidad, definitivamente hay un precio muy elevado. Así, necesitamos ver todo esto desde otro ángulo. Si el costo del discipulado es alto, ¿ya se imaginó el costo del no-discipulado? Si amar al enemigo es difícil, ¡intente odiarlo! Si honrar al padre o la madre es costoso ¡piense en la posibilidad de no hacerlo! Si vivir en obediencia a Cristo, renunciando al pecado, exige mucho, ¡intente ignorarlo esto! Vivimos hoy una sociedad enferma. El número de divorcios aumenta cada día. El número de hijos que desconocen al padre es alarmante. Las enfermedades de fondo emocional se multiplican. La violencia crece. La corrupción parece no tener fin. Los trastornos psíquicos en la infancia asustan a los especialistas. La raíz de la enfermedad personal y social, en gran parte, es el no-discipulado. No considerar los mandamientos de Cristo, su magnifica enseñanza en el Sermón del Monte, su llamado para renunciar al pecado y a la necesidad de tomar diariamente la cruz de la obediencia para seguirlo tiene un costo incalculablemente mayor. Jesús nos cuenta, en la parábola de un hombre que descubrió un gran tesoro que estaba escondido en un campo. Con mucha alegría, tomó todo lo que tenía, lo vendió y con el dinero, compró el campo y con este su tesoro. Deshacerse de todo lo que tenía fue una decisión fácil teniendo en cuenta el tesoro que iba a adquirir. Solo iremos a comprender la importancia de la contrición y del arrepentimiento, de la confesión y de la renuncia al pecado, de la obediencia a los mandamientos y del valor de la cruz si tenemos la conciencia de la riqueza que nos espera. Pagamos un alto precio por la “gracia barata”. Nuestras familias sufren por causa de ella. Nuestros hijos se encuentran confusos y perdidos. La nación se hunde en el barro de la corrupción, de la violencia y de la promiscuidad. Nuestras iglesias se transforman en centros de entretenimiento religioso, con un comercio de falsas promesas a cambio de un evangelio sin cruz y de un reino donde cada uno es su propio Rey. El llamado de Cristo para que seamos sus discípulos, con su “alto costo” es el único camino posible para la libertad. La única opción para la verdadera humanidad. La única esperanza para nuestra sociedad enferma. Si seguir a Cristo exige mucho, acuérdese que no seguirlo va costar mucho más. Ricardo Barbosa de Sousa es pastor de la Iglesia Presbiteriana de Planalto y coordinador del Centro Cristiano de Estudios, en Brasilia. Es autor de los libros Ventanas para a vida y O Caminho do Coração.
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