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Titulo del Sermón: La Igleisa que avanza firme hacia adelante Pr. Héctor S. Castro Pérez. Texto: Éxodos 14: 10 – 16. Propósito: Exhortación. Afirmación: “…Dí a los hijos de Israel que marchen”, porque “Jehová está conmigo (con nosotros) como Poderoso Gigante…”; Por tanto, “Jehová peleará por vosotros, y ustedes estaréis tranquilos” (Éxodos 14: 15.b; Jeremías 20: 11; Éxodos 14: 14). Introducción: El Himno “Firmes y delante” (lema para la mayoría del cristianismo), letra escrita por el himnólogo Sabine Baring-Gould, en el año 1864, dice en su coro: “Firmes y Adelante Huestes de la Fe, sin temor alguno, que Jesús nos ve”, describe en alguna manera la exhortación al Pueblo de Israel, que encontramos en Éxodos 14: 15.b “…Di al Pueblo que marche”. En los versículos 13 y 14 del mismo pasaje, vemos a Moisés haciendo uno de los desafíos más grandes al Pueblo de Israel: “No temáis, estad firmes y veréis la liberación que Jehová a vuestro favor”. Moisés está exhortando al pueblo a “confiar en el Señor y a esperar en Su Obra”. Sin embargo, algo pasó en el pueblo. ¿Qué es lo que detuvo su avanzar? Seguramente “temor, horror, miedo, desconfianza, decepción” (v. 11 y 12), situación que llevó al líder Moisés a clamar a Dios su intervención; él se quejó ante Dios por la actitud del pueblo. La respuesta de Dios fue inmediata, directa y muy clara: “¿Por qué clamas a mí?, Dí a Israel que marche”. Otras versiones dicen: “Ordena al pueblo que sigan avanzando”, “Ordénales que se pongan en marcha”. ¿Qué es lo que os detiene en vuestra marcha, en vuestro avanzar oh Israel? I. Lecciones practicas para el nuevo Pueblo de Dios, la Iglesia de hoy. 1. A veces es más fácil hablar de la Fe, proclamar la Fe, que practicarla. 2. Muchas veces hasta nos molesta las respuestas que el Señor da a nuestras inquietudes, a nuestras peticiones. La verdad que no siempre la respuesta del Señor será un Sí; a veces será simplemente un No, y esto no significa que Dios no haya respondido o que no se interese por nuestras situaciones. El problema es que nos cuesta entender y aceptar su respuesta. 3. El pueblo no debe permanecer inmóvil, ni nunca retroceder. Muchas veces nos detenemos en la marcha, en nuestro quehacer y en nuestras responsabilidades, simplemente por necedades, por cuestiones triviales, por discusiones innecesarias, incluso a veces peleando derechos en vez de preocuparnos por lo verdaderamente importante, como es: “La unidad y los desafíos de la Iglesia, por nuestras responsabilidades, por nuestro avanzar y las metas a alcanzar”. 4. Es verdad que en un momento Israel se encontró sin salida, sin escape, encerrados: Los egipcios se acercaba a toda prisa por la retaguardia y al frente tenían el mar. Todos los caminos de escape posible estaban cerrados. Pero ¡Dios abrió un nuevo camino!, Eso significaba un paso de Fe, entrar en el mar, entrar al desafío, sin miedo, sin temor, que el Señor Dios Todopoderoso va delante abriendo camino. Dios hizo posible lo imposible para el hombre: “No mostró un camino para rodear la dificultad, sino que abrió un camino nuevo que atravesaba la dificultad” De la misma manera Dios Padre “nos abrió un camino nuevo y vivo que nos permite la libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo” (Hebreos 10: 19 – 20). 5. Se necesita Fe para entrar por ese camino nuevo y vivo. Fe es adentrarse entre las aguas y caminar espíritu victorioso sobre ellas. Israel necesitaba confiar y obedecer para ver la Obra de Dios, para ver la Gloria del Señor. II. Amada Iglesia, esta es tu hora de dar tu paso de Fe. 1. Dios te demanda hoy una decisión de Fe: Caminar y avanzar como Iglesia, en plena certidumbre de Fe, que Dios va delante de nosotros abriendo camino entre las muchas aguas. a. Es nuestro desafío y nuestro deber ineludible. b. Esa es la voluntad y la proclama imperativa de Dios. c. El paso decisivo no sólo es muestra de obediencia y Fe, también es evidencia de nuestro amor y sometimiento al propósito para el cual Dios nos llamo y escogió. 2. Caminar y avanzar hacia delante en la Obra del Señor es una necesidad imperiosa, visionaria y misionera, en una sociedad confusa, sumida en el pecado que necesita urgente del mensaje orientador, redentor y transformador de Jesucristo. a. A nosotros, como Pueblo de Dios, se nos ha sido impuesta la misión de Ir, redimir y transformar al mundo para Cristo. Se nos ha dado la encomienda de ser testigos de Cristo (Hechos 1: 8). b. Nuestra misión es Orar, predicar, sanar, limpiar leprosos, llevar vida a los muertos en delitos y pecados, y libertar a los oprimidos por el diablo. c. Avanzar en la Obra es hacer de la Iglesia, un ambiente agradable, positivo, práctico, integrador y resultante, por medio de nuestro optimismo, voluntariedad, responsabilidad, participación y nuestra mayordomía. 3. Caminar y avanzar hacia delante en la Obra del Señor requiere que respetemos y cuidemos el lugar y función que ocupa la Iglesia en los planes de Dios. a. Integrándonos y participando en los programas de acción indicados por nuestro Señor Jesucristo. 1). En primer lugar, la adoración, la proclamación y la enseñanza (“Id y haced discípulos…”). 2). En segundo lugar, el servicio de amor y misericordia a toda persona, en todo lugar y en toda su necesidad, en el nombre de nuestro Señor. 4. Caminar y avanzar hacia delante en la Obra del Señor, requiere vidas llenas del Espíritu Santo, sujetos al señorío de Cristo, dispuestos a obedecer y a avanzar. La Iglesia de Antioquia es un ejemplo; así lo registra el libro de los Hechos 13: 2: “Un día, mientras estaban celebrando el culto al Señor, orando y ayunando, el Espíritu Santo habló…” (NVI). 5. Caminar y avanzar hacia delante en la Obra del Señor requiere conciencia, Fe y esperanza. a. Conciencia, que siempre habrá oposición, aunque se espera que los conflictos y oposiciones vengan desde afuera, del mundo sin el temor de Dios, pero nunca desde dentro, o por parte de los creyentes, y que signifique detener el avanzar del pueblo, porque se supone que estamos unidos por un mismo Espíritu, en el vínculo del amor. El Señor advirtió al respecto en Mateo 18: 7.b; Lucas 17: 1. “Hay de aquel por quien viene el tropiezo” (o los conflicto). Tenemos que tomar esto con seriedad hermanos. El diablo, nuestro enemigo, usará todo tipo de estrategia (tentaciones, desavenencias, ataques de espíritus de miseria y mezquindad, etc.), tratando con esto de desviar nuestra mirada de las cosas de arriba, colocando todo tipo de distractores, a fin de detenernos, desviarnos y hacer difícil nuestro avanzar hacia la meta. La Palabra del Señor nos advierte que No debemos dar lugar al diablo, antes bien, huid de toda estrategia de satanás: “Someteos pues a Dios, resistid al diablo y huirá de vosotros” Santiago 4: 7. b. Fe, Jesús nos exhorta a confiar en Él. Nuestro Señor va delante y Él pelea por nosotros. Es nuestra garantía de victoria; es nuestro escudo, nuestro refugio, amparo y fortaleza. Fortalezcamos nuestras convicciones. La estrofa del Himno nos dice: “Tronos y coronas pueden perecer, de Jesús la Iglesia siempre habrá de ser. Nada en contra suya prevalecerá, porque su promesa nunca faltará”. c. Esperanza, Confiemos en que nos espera la recompensa. La meta está cerca, a la vista. Isaías 41: 10: “No temas, porque Yo estoy con vosotros; no desmayen, porque Yo Soy vuestro Dios que les doy fuerzas, siempre les ayudaré; siempre les sustentaré (sostendré) con la diestra de mi Justicia”. ¡Aleluya! Nuestro Señor nunca nos garantizó que no tendríamos conflictos, pero sí, nos aseguró que siempre tendríamos victoria por medio de Él. Jeremías 1: 19; Juan 16: 33; 1ª Juan 5: 4 – 5; 1ª Corintios 15: 57; 1ª Juan 5: 4. En un momento determinado Jesús advirtió a sus discípulos: “En el mundo tendréis aflicción, pero Confiad, Yo he vencido…” “Y esta es la victoria que vence al mundo, nuestra Fe”
Conclusión: La Iglesia necesita: 1. Reencontrarse con su Dios. Amós 4: 12 “Por tanto, prepárate para venir al encuentro de (con) tu Dios, oh Israel” 2. Reencontrarse con la misión y la demanda de ser testigos, sal y luz. Hechos 1: 8; Mateo 5: 13 – 16. 3. Renovar su visión de sí misma; su concepto de quién es y qué hace; es decir, Quiénes somos y qué estamos haciendo aquí en la tierra. No sólo somos sal y luz, también somos el Reino mismo de Dios en la tierra. Él estableció su reino en nuestras vidas. Nosotros debemos expandir el reino en la tierra comenzando por nuestra propia Jerusalén. 4. Necesitamos mantenernos en santidad, en paz, en unidad y en amor. Santiago 12: 14: “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”. Necesitamos el apoyo mutuo, el compañerismo fraterno y la motivación recíproca para avanzar y para dar testimonio, a fin de que el mundo crea. Juan 17: 17 – 24. 5. La Iglesia necesita avanzar, aunque eso signifique adentrarse en las aguas mismas, en la Fe que Dios abre camino. No podemos detenernos en nuestro caminar, por miedo, por negativismos, por falta de Fe, por situaciones triviales, por necedades, por irresponsables y cómodos, y finalmente por desviar la mirada a causa de distractores que el diablo nos presenta. No podemos detenernos para pelearnos a nosotros mismos. Hebreos 2: 1 nos exhorta: “Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos (desviemos y perdamos el rumbo)”. 6. Finalmente, la Iglesia necesita renovar su esperanza ante la inminente venida de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Mateo 25: 6.b nos dice: “He aquí viene el Esposo, salid a recibirle”. Pr. Héctor S. Castro Pérez. Chile, Calama. Junio de 2009.
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